martes, 22 de julio de 2014

LEYES DE GUERRA




Leyes de guerra

Octavio Acosta Martínez
octaviocultura@hotmail.com
Twitter: @snittker.com



          "Cuando se acerquen ustedes a una ciudad para atacarla, primero deben proponer la paz. Si los habitantes de la ciudad aceptan la paz y los dejan entrar, entonces le servirán a ustedes como esclavos en trabajos forzados. pero si no hacen la paz con ustedes, sino que les declaran la guerra, ustedes rodearán la ciudad y la atacarán. El Señor su Dios la hará caer en poder de ustedes, y ustedes matarán a filo de espada a todos sus habitantes. Las mujeres, los niños, el ganado y todo lo que haya en la ciudad, será para ustedes; podrán disfrutar de todo lo que el Señor su Dios les permita tomar del enemigo. Esto mismo harán ustedes con todas ciudades que estén lejos de donde habiten y que no formen parte de estas naciones. Pero en las ciudades de estas naciones que el Señor su Dios les da en propiedad, no deben ustedes dejar nada con vida, sino que destinarán a la destrucción, como sacrificio al Señor, a los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, tal como él lo ha ordenado, para que no les enseñen a ustedes a hacer las mismas cosas horribles que ellos hacen en honor de sus dioses, y les hagan pecar contra el Señor su Dios"

         Este texto aparece en el Deuteronomio, Antiguo Testamento, la Biblia.

          ¿Alguna pregunta?
          ¿Alguna duda de que los israelitas están dirigidos por Dios, su Comandante en Jefe?
   ¿Alguna duda de que esas tierras les pertenecen a los israelitas porque les fueron prometidas por Dios?
          ¿Alguna duda de que los israelitas sólo están ejerciendo un derecho divino?
           ¿Alguna duda de que los israelitas estaban autorizados por Dios para proceder al exterminio total de todos los que no estuvieran dentro del "pacto divino", es decir, solamente ellos?
             ¿Alguna duda de que este pacto es para siempre y que por lo tanto, ahorita está vigente?
              ¿Necesito publicar más documentos?
              ¿Usted es creyente?
              ¿Usted ha leído la Biblia, la palabra de Dios?
            ¿Usted ha leído el Antiguo Testamento, el origen e historia del pueblo judío, el pacto con Dios, la toma de la tierra prometida que no es otra que la actual -y entonces también- Palestina?
             ¿Sabe lo que quiere decir la palabra "testamento"?
          Si usted es creyente ¿cree que la Biblia es la palabra de Dios? ¿Está de acuerdo con ella? ¿Cree que está vigente? ¿Cree que la palabra de Dios fenece?
        ¿Está de acuerdo con todo lo que ha hecho el pueblo judío desde 1948 hasta ahora?
        ¿Qué solución cree usted que debe tener el actual conflicto árabe israelí? ¿La exterminación total de todo el pueblo palestino (eso es lo que dice la Biblia)?

            Son muchas preguntas, ¿verdad? tengo más.
        Por cierto, tanto los israelitas como el propio Dios se olvidaron luego del primer paso de estas leyes (proponer la paz) y entraron a Palestina (Canaán) aplicando directamente los pasos siguientes.
              


jueves, 17 de julio de 2014



EL MUNDIAL DE FÚTBOL Y WITTGENSTEIN


Octavio Acosta Martínez
octaviocultura@hotmail.com
Twitter: @snittker.com



          En uno de los días de descanso, cuando no hubo juegos del Mundial, estuve muy fastidiado. ¿Qué podría hacer para paliar la inquietud que me llenaba? ¿A dónde iría que no fuera un centro comercial donde hasta el vitrinear se ha devaluado?

          Tomé de la mesa el libro de Ludwig Wittgenstein, el Tractatus logico-philosophicus, que casi siempre me acompaña y una vez más me puse a examinarlo. Dos cosas debo decir acerca de este libro: 

  1. Él cambió en la primera mitad del  siglo XX todo el curso de la filosofía hasta ese momento (1921). Es decir, produjo una verdadera revolución filosófica.
  2. Yo llevaba 11 (once) años estudiándolo sin lograr entenderlo. Sabía que era muy difícil, el mismo Wittgenstein escribió: "Es... amargo pensar que nadie lo entenderá aunque se publique". Ese "nadie" incluía a Bertrand Russell, filósofo, lógico, matemático y escritor británico, propulsor del atomismo lógico dentro de la filosofía; y Gottlob Frege, matemático, lógico y filósofo alemán, padre de la matemática y la filosofía analítica. Con ambos mantenía Wittgenstein un intercambio permanente sobre sus estudios.
Ludwig Wittgenstein
          Claro está, a estas alturas, cuando me encuentro fastidiado esperando la continuación del Mundial, ya muchas personas lo han estudiado y entendido. De otra manera no se hubiese producido la tal revolución filosófica. Por otra parte, existe una amplísima gama  de formas de "no entender" en la infinidad de problemas que se le plantean al hombre. El "no entendimiento" de Russell y Fregue no tiene nada que ver con el de un pobre mortal como yo, y el resultado, en cada caso, no es el mismo. Yo no sabía siquiera de qué estaba hablando.

El Tactatus logico-philosophicus
          A través de estos once años consulté numerosos trabajos de especialistas en la filosofía de Wittgenstein para ver si a través de la vía interpretativa de otros lograba descifrar los misterios de esta nueva filosofía. Tampoco lo logré. Así que comencé, frustrado, a dejarlo por períodos y lo retomaba cuando me volvía a picar. "¿Cómo no voy a entender esta vaina?", decía; y una vez más me fajaba en mi infructuosa tarea de descifraje.

          Ahora,  cuando estaba ansioso por ver al día siguiente el partido entre Brasil y Alemania, el que seguía, tomé de nuevo el Tractatus, y me metí de nuevo en internet buscando alguna clave que me permitiese entenderlo. ¿Saben qué, amigos? ¡LA ENCONTRÉ!

          Entre internet y el libro comencé a entender por fin aquello que había cambiado el curso de la filosofía. Tomé el libro desde el principio (no lo he terminado) y a modificar toda una cantidad de anotaciones que fui haciendo en las márgenes del texto. Menos mal que las había hecho a lápiz, porque de verdad las bondades del borrador me libran ahora  de la ingenuidad de mi marginalia.


¡La clave! (tomada de la página de Alpha Centauris)

          Es posible que esto no sea un motivo destacado para alegrar tanto a alguien, pero yo me alegré hasta la excitación; tanto que pasé tres noches seguidas sin dormir. A las cuatro de la madrugada estaba yo en la cama pensando en Wittgenstein. Lo curioso es que luego me confundí todo, porque no estaba seguro de si ese estado de euforia se debía a mi hallazgo sobre el Tractatus, o por el 7 a 1 que le metió Alemania a Brasil. Indudablemente que las dos cosas me alegraron sobre manera. 

          



  

miércoles, 23 de abril de 2014








Debate y diálogo

Octavio Acosta Martínez
Twitter:@snittker.com


            Voy a pensar en voz alta, de ninguna manera creo que tengo la verdad. Todo lo contrario, la estoy buscando, me siento abrumado –superado- por las dudas y por eso propongo temas y discusiones. En lo que sí estoy claro es en lo que quiero para Venezuela y también en lo que no quiero. Sobre todo que ahora, en la actualidad, siento en mi propia experiencia algo que no quiero y que me lo están imponiendo en forma demoledora y arbitraria.

            Más que en los tecnicismos del idioma y en el rigor de las definiciones, estoy interesado en lo que subyace en el lenguaje, en las interpretaciones que interesadamente le dan distintos grupos y en las consecuencias que estas interpretaciones tienen para el resto de la sociedad. Los diccionarios son orientadores que recogen un conjunto de aproximaciones, que no todas, a los distintos usos que damos a una misma palabra, y para cada una de ellas. En este sentido, haciendo una extensión del concepto podríamos decir que los diccionarios tienen un valor estadístico. Ésta es una razón por la que cada disciplina tiene su propio diccionario especializado para definir sus  conceptos específicos. También lo han hecho algunos filósofos antes de expresar sus pensamientos o durante su misma exposición. Lo importante es que una vez expuesto el concepto, todo lo que sigue debe ser consistente y estar ajustado a éste.

            La política no es la excepción de la regla y ella tiene su propio lenguaje, con la dificultad añadida de que en esta actividad humana, quizás la más “humana” de todas, es más lo que subyace que lo que se expone abiertamente. Es como un juego de póker, no sólo no se pueden mostrar las cartas, sino, además, es válido y forma parte del juego, blufear. He intentado connotar el concepto “diálogo” en el escenario político de la actualidad y lo he hecho a partir de lo que el país, por lo menos el país opositor, espera de él. ¿Qué se espera salga de allí? La restauración de los canales democráticos de participación, la solución a una serie de problemas coyunturales (abastecimiento, inflación, represión, violencia y seguridad integral, este último casi estructural ya) y el establecimiento de un clima de paz.

            Yo, particularmente, Octavio, y seguramente algunos más que me acompañen, extiendo en forma prioritaria la idea “restauración de los canales democráticos de participación” a “restitución del sistema político de democracia representativa”, en contraposición al “modelo socialista bolivariano”, alias “socialismo del siglo XXI”. Éste, para mí constituye un punto de honor dentro del diálogo, o como se quisiera llamar.
            Pero resulta que para la otra parte es un punto de honor la implantación de su propuesta socialista. Significa esto que tenemos objetivos divergentes sobre los cuales es imposible entonces, llegar a un acuerdo. Porque de eso se trataría: de llegar a algo que se llama acuerdo sobre aspiraciones mínimas para cada parte y a puntos donde cada uno a su vez esté dispuesto a ceder. Para esto es necesario discutir y negociar, previamente.

            Ese espíritu no existe en la llamada mesa de diálogo, donde lo que se ha producido es un debate donde cada parte trata de desnudar y poner en evidencia la equivocación del otro. No hay la consecución de un objetivo común. Tan es así, que para ese debate ha sido necesaria la intervención de un tercero en funciones de observador y garante de que las pasiones no se desborden, y canalizar la discusión hacia posibles acuerdos; insisto en esta palabra. Se trata, entonces, de un debate donde no se dialoga. Hay debates constructivos donde sí se dialoga y se trata de llegar a una verdad de conveniencia. Un debate puede fundirse en diálogo en algunas ocasiones, pero en otras cada una anda por su lado. En mi opinión son conceptos no equivalentes.
            ¿Se puede dialogar sin el objetivo de llegar a alguna parte? Aceptemos que sí, pero ése no es el diálogo político del que estamos hablando.

Un diálogo político no es un “convivio”. El convivio lo podemos hacer para celebrar un supuesto éxito del diálogo político. Pero si esto es lo que espera la comunidad, creo que no vamos a celebrar nada. Ante este pesimismo justificado ¿qué hacer? A esa pregunta siempre llegamos y me voy a aventurar en una respuesta.

            Lo que debemos hacer es comenzar un proceso de diálogo, ahora sí, dentro de la oposición. Debatir constructivamente entre tendencias, clarificar el objetivo común, o simplemente definirlo. Diseñar un plan estratégico y construir una fuerza poderosa    que sea capaz de anteponerse al oficialismo  y hacerlo retroceder ante sus pretensiones hegemónicas revolucionarias socialistas bolivarianas del siglo XXI. Esto no se va a obtener en la mesa de diálogos, esto se va a obtener en la calle y/o en los terrenos que la oposición defina.
            ¿Debemos seguir asistiendo a la bendita mesa? Sí, es posible, pero ahora los objetivos, nuestros objetivos, serán otros: desnudar al gobierno, dejarlo sin palabras, ganarle en oratoria y argumentación, demostrar que Diosdado es un gorila que, además, habla malísimo; demostrar que las cifras de Rafael Ramírez no expresan la realidad venezolana, hacer trabajar a las encuestadoras para determinar el puntaje obtenido por cada debatiente en sus intervenciones.  Ganar, sobre todo, respeto y autoridad moral al dejar constancia que “hicimos el intento”.

            Este tema es muy largo para una sola exposición y lo he venido desarrollando paulatinamente a través de varios escritos. Si alguien está interesado en ellos, los invito a visitar mis dos blogs:

                            http://labragaazul.blogspot.com
                            http://octavioacostamar.blogspot.com

        Allí encontrarán con más detalles y mejor argumentación (eso espero) los análisis sobre nuestra coyuntura política y sobre lo que deberíamos hacer.

sábado, 19 de abril de 2014






Diálogo, negociación y pacto
Octavio Acosta Martínez
octaviocultura@hotmail.com
Twittwe: @snittker.com





         Definitivamente yo debo tener todos los conceptos equivocados. Las dos partes en la mesa y el resto del país hablan de diálogo, y yo digo que allí no puede haber diálogo puesto que se trata de dos proyectos políticos divergentes los que están enfrentados. No hay, por tanto, un objetivo común. El diálogo se da entre partes que quieren lo mismo, pero no saben cómo obtenerlo.
         Las dos partes están de acuerdo en que no habrá negociación ni pacto, y yo pienso que eso es precisamente lo único que podría haber. Si no, ¿para qué reunirse entonces? Sería mejor reunirse en una tasca a hablar pistoladas y tendríamos el aliciente de hacerlo en un ambiente agradable, con música y una cervecita en la mano.
         Donde sí creo que debería establecerse un diálogo, y es urgente que se haga, es dentro de la misma oposición. Podríamos aceptar, sin entrar en muchas sutilezas, que tenemos un objetivo común inmediato: enfrentar al gobierno, evitar que siga haciendo lo que está haciendo y lograr lo que permanentemente decimos que queremos. ¿Qué nos está diferenciando? La estrategia y métodos a seguir para alcanzar ese  objetivo. Por eso se habla de oposición moderada y de oposición radical. Por supuesto, nunca faltan los que están en el medio, unos por inseguridad y otros por ser partidarios de lo que pudiéramos denominar una estrategia combinada. Las diferentes tendencias de la oposición deberían sentarse a dialogar para contestar la pregunta “¿Qué vamos a hacer?”, y presentar un cuadro de lucha unificada. Se entiende que es un “qué vamos a hacer todos”.

         Cuando nos sentamos a hablar con el gobierno la pregunta cambia, ahora es “¿Qué esperas tú que yo haga, qué espero yo que tú hagas?”. Cada uno espera y “exige” que el otro haga algo que los dejaría satisfechos. Allí comienza un proceso de negociación y al final se llega –si es que se llega- a un acuerdo en el que cada parte obtendrá al menos un mínimo aceptable de lo que demanda y hará lo que le corresponda en satisfacción del otro. Este acuerdo se rubrica mediante un contrato, un acta que firman las partes, o un pacto, si a usted le da la gana. Todos son equivalentes en su esencia.

         Esto, si es que estamos de acuerdo hasta este punto, nos establece automáticamente un orden secuencial lógico de actuación: primero, la oposición tiene que reunirse a dialogar para contestar la primera pregunta. Segundo, la oposición se reúne con el gobierno con una propuesta unificada, con un mínimo establecido en su nivel de exigencias lo que se traduciría en su parte de la segunda pregunta: ¿Qué espero yo que tú hagas, gobierno?

         ¿Cómo se están dando las cosas en este momento? Tenemos a una parte de la oposición, que está de acuerdo con el gobierno en que no está negociando ni pactando, que cree que está dialogando, sentada en una mesa con todo el gobierno, que sí sabe exactamente lo que quiere, que está jugando a la división definitiva de la oposición, para lo que usa incluso sus mismas palabras cuando se refiere al “atajo”, mientras otra parte de la oposición está en la calle -haciendo lo que hizo para que fuera posible que la primera estuviera ahorita sentada en esa famosa mesa- o en la cárcel.

         ¿Cuál será nuestra suerte ante este cuadro? No lo sé. Particularmente me inscribo, lo he dicho en otra oportunidad, en el escepticismo de Andrés Velásquez; pero sin embargo  deseo y espero lo mejor, sobre todo contando con que las torpezas del gobierno nos ayuden y con la veracidad del aserto popular “en el camino se enderezan las cargas”. Lo que pasa es que el gobierno es el poder, y el poder siempre cuenta con un colchón para amortiguar las equivocaciones, más grande que el de quienes no lo tienen. Ahora, si soy yo quien está equivocado en todo, ¿cuál será mi colchón? Espero resignadamente el embate de quienes lean esto y no estén de acuerdo conmigo.


miércoles, 5 de marzo de 2014







LA SITUACIÓN ACTUAL DE VENEZUELA

POR QUÉ NO CREO EN DIÁLOGO

Octavio Acosta Martínez
Twitter@snittker


 
       
          Ya lo he dicho otras veces, no creo en el diálogo para la actual situación política de Venezuela. No es posible el diálogo porque no tenemos un interés común, un objetivo fundamental que nos impela a buscar acuerdos para su consecución.
       No queremos lo mismo, a menos que nos conformemos en la superficialidad de frases matraqueadas que por su generalidad y vaguedad no dicen nada: “queremos la paz”, “nuestra lucha es por la verdad”, “luchamos por la dignidad del pueblo venezolano”, “defendemos la patria y la independencia”, “¡lucha contra la corrupción, la inseguridad y el alto costo de la vida!”, “por el derecho a la libre expresión”,… Y pare usted de contar. Esto lo dicen todos y parecería paradójico que bajo estas consignas hubiera dos partes enfrentadas en un conflicto sin vías de solución. Un observador desprevenido del exterior se sentirá sorprendido al ver tal grado de enfrentamiento en Venezuela cuando tanto gobierno como oposición enarbolan las mismas consignas.  Quiere decir que hay algo más, algo que va más allá de las palabras cotidianas de conveniencia que se pronuncian para estar bien con la opinión. Hay una ética general tácitamente aceptada que pasa por enarbolar banderas cuyas causas no se practican en la mesa de toma de decisiones. No es posible imaginarse un gobernante que se confiese corrupto o que conociendo la corrupción desatada que se mueve dentro de sus propios colaboradores irrumpa en forma decidida para acabar con ella. No me imagino un presidente que diga: “Sí es verdad, la pobreza en Venezuela es galopante, pero no podemos acabar con ella porque ése es precisamente nuestro capital político. Lo que debemos es diseñar paliativos, planes asistenciales, algunos subsidios alimentarios, planes de salud sencillos, algún que otro plan de vivienda, pero sin acabar con el problema, para hacer que esta pobreza sea más tolerable y el pueblo sienta que hay un gobierno que se preocupa por él. Incluso, hacer de la pobreza una virtud y recaer sobre “los ricos” toda la carga de su precaria situación y la culpa de que no puedan salir de ella. Hay que otorgarle incluso un hálito religioso: “Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios”. Los pobres constituyen la base de sustentación del gobierno, pero también hacen falta los ricos, para tener a quienes echarles la culpa del fracaso.
         No, un diálogo verdadero tendría que ir hasta el fondo de las cosas, a la esencia del fenómeno político que está sobre el escenario. Y eso no se va a lograr, porque la clase gobernante no puede, por razones estratégicas, destapar las cartas ocultas de su juego. Si nosotros las sabemos, por lo menos en sus aspectos fundamentales, es porque existe un proceso de observación inteligente y procesos deductivos que entrenados adecuadamente permiten leer “entre líneas” y descifrar los mensajes ocultos de las decisiones políticas.
         Pero el gobierno nos lleva varios pasos adelante gracias al hecho mismo de manejar los resortes del poder. Nosotros siempre vamos detrás, manejándonos en el campo de las interpretaciones y sentando protestas no escuchadas por las decisiones que ya el gobierno ha puesto en práctica. Y no se trata en este caso de un gobierno y un poder que se pare en consideraciones éticas ni morales para imponer su verdad y lograr sus objetivos hegemónicos. Por eso no creo en el diálogo.  Y tampoco lo quiero, si resultase que en aras de una supuesta paz tengo que aceptar que el país se desvíe por el camino incierto –quizás más bien cierto- de un modelo político fracasado que ha sido de funestas consecuencias en todas las latitudes donde éste se ha implantado. Para mí, el supuesto e idílico diálogo tendría que comenzar por la disposición comprobada del gobierno de no insistir en la implantación de este modelo socialista revolucionario bolivariano que más de la mitad de la población ha rechazado y una gran parte de la otra casi mitad no sabe siquiera de qué se trata. Pero sabemos que el gobierno no va a negociar su proyecto, la esencia de haberse mantenido allí durante 15 años.
         Por otra parte, es sumamente difícil dialogar con alguien a quien no se le puede creer nada, y eso es lo que me pasa exactamente con este gobierno: no le creo nada. En un hipotético acuerdo que se llegare con él su parte tendría que ser suministrada “al contado”, porque la experiencia, su carta de antecedentes, la experiencia acumulada con él, no me permite otorgarle el más mínimo crédito. Quizás debería hacer una corrección: sí le creo cuando amenazan con alguna medida que nos va a causar un mal o producir alguna molestia. Ahí son increíblemente efectivos.

MIS CONDICIONES PARA EL DIÁLOGO QUE NO SE VA A DAR
         Vamos al terreno práctico. ¿Cuáles serían mis condiciones mínimas para iniciar un diálogo? Establecerlas es fundamental, las partes que dialogan lo hacen sobre la base de una plataforma mínima que debería cumplirse para que el intercambio sea fructífero y no se convierta en un saludo a la bandera, como lo han sido tantos, en Venezuela y en el mundo. Éstas serían las mías:
1.      Revertir las medidas tomadas para imponer el modelo político bajo la denominación de Socialismo del Siglo XXI. Esta reversión deberá materializarse en
·        Aceptación del gobierno de revertir las leyes y modificaciones de leyes que fueron rechazadas en el Referendum Constitucional de 2007, e introducidas luego en diferentes leyes orgánicas posteriormente aprobadas, algunas de ellas bajo régimen de Ley Habilitante.
·        Compromiso del Tribunal Supremo de Justicia de declarar la nulidad de estas leyes y/o sus modificaciones, aprobadas luego de haber sido rechazadas en dicho Referendum Constitucional.
2.    Este punto anterior es fundamental para el inicio de cualquier diálogo; por supuesto, considerando que yo fuera uno de los dialogantes. No puedo de ninguna manera aceptar que la voluntad de un electorado, claramente expresada en un proceso de votación para el que fue convocado, sea descaradamente burlado aprovechándose de una mayoría legislativa con una caprichosa interpretación de sus funciones. El desconocimiento de una voluntad expresada siguiendo todas las pautas establecidas para la participación democrática incide en la pérdida de la fe en el voto y hace que el ciudadano busque soluciones por otras  vías alternativas (la protesta de calle, por ejemplo). La desobediencia civil comienza a perfilarse como una alternativa válida. No puedo comprometerme, si ello forma parte de las exigencias del gobierno, a aceptar el levantamiento de una protesta activa en la calle bajo la aceptación por mi parte del violentamiento de la voluntad expresada en las urnas.                                                                                                              
El desconocimiento de la voluntad expresada en el Referendum Constitucional es aún más grave que el burdo manejo que se dio al resultado de la última elección presidencial, a la auditoría chucuta con que se respondió al candidato supuestamente derrotado. Por lo menos en este caso queda la duda sobre la idoneidad del proceso y sobre la verdad del verdadero resultado si la elección hubiese sido limpia y transparente. Pero en el referéndum Constitucional de 2007 no hubo duda alguna: las modificaciones fueron rechazadas y así fue reconocido por el CNE y por el Ejecutivo proponente. ¿Cómo es que posteriormente fueron introducidas por gotas en leyes subordinadas a la Constitución?
3.    Reconocimiento del gobierno de que no hay independencia de poderes y compromiso de su parte a dar los pasos necesarios para restituirla. Esto pasaría por:
·        Renovación del CNE, TSJ, Fiscalía General, Contraloría general, Defensoría del Pueblo. Diseñar procedimientos con la participación de la oposición organizada de tal manera que ambas partes, gobierno y oposición, lleguen a un consenso sobre la idoneidad e independencia de los nuevos representantes nombrados.
·        Diseñar mecanismos idóneos en el funcionamiento de la Asamblea Nacional para acabar con la aplanadora sistemática de una mayoría sobre una minoría que nunca tiene derecho a nada y sus puntos de vista jamás son escuchados, mucho menos tomadas en consideración sus propuestas.  En la actual Asamblea Nacional hasta las tribunas oficialistas hablan y actúan mientras se le coarta a la oposición el derecho más elemental que puede tener allí un diputado elegido por un sector de la población: el derecho a ejercer la palabra.
En estos dos subpuntos anteriores tampoco creo que el gobierno y demás poderes del Estado vayan a hacer concesión alguna. Precisamente este juego a cuadro cerrado que ellos realizan es lo que garantiza la imposición de su modelo socialista por las vías “legales” heredadas de la democracia, aplicándolas en forma descaradamente arbitrarias. Yo no dialogo bajo la condición de aceptar este esquema.
4.    Eliminación de la variable Cuba. ¿Qué hacer con Cuba? Cuba está en el centro del problema. ¿Habría que introducir a Cuba en la mesa de diálogo? Por supuesto que no, esto es un problema de soberanía. Pero Cuba está ahí. Cuba se está jugando la vida en la revolución bolivariana. El difunto y su chavismo fue la tabla de salvación que le mandó Dios (es un decir) a la revolución cubana, cuyo fracaso había alcanzado niveles que la ponía al borde del naufragio definitivo. Pero llegó el comandante (el venezolano) y mandó a parar. Ahora Cuba está metida en Venezuela hasta los tuétanos. Ella está en las decisiones estratégicas fundamentales, pero no aparece directamente en la escena. ¿Cómo realizar un diálogo sin considerar esta variable? ¿Qué tratamiento dar a variables ocultas e inconfesas como la presente? El asunto está que con su desconocimiento, con hacerse el loco, no se podrá llegar a nada verdaderamente relevante. No me imagino al bigotúo de Miraflores, sentado en una mesa de diálogo con la oposición y llegando a acuerdos sustanciales con ésta sin levantarse de la mesa a realizar consultas,… ¿Con quién? No quiero insistir mucho sobre esto porque se trata de una realidad que todo el mundo conoce, aunque no sé si todos la habrán ponderado en sus verdaderas dimensiones. Pero nada más que por esto, creo que el diálogo es imposible.
5.     Hay otros puntos que considero menos relevantes, aunque tienen su importancia, sobre los que sería posible “dialogar” y obtener algunos acuerdos con el gobierno. Sería posible llegar a un acuerdo sobre los presos políticos, incluso la liberación de Simonovis. Sería posible lograr la liberación de Leopoldo López. Sería posible obtener ciertos espacios en los medios de comunicación y se podrían detener algunas medidas de censura impuestas a ellos. Sería posible lograr del gobierno el aguaje de investigar ciertos excesos de las fuerzas del orden y prometer castigo a los culpables “vinieren de donde vinieren”. Sería posible emprender algunas medidas de abastecimiento. Sería posible acentuar medidas contra la inseguridad. Otro aguaje posible es el de combatir la corrupción. De hecho, el mandato bajo Ley Habilitante que goza el bigotúo de Miraflores, fue dado precisamente para acabar con la corrupción. No sé si dentro de las variables de la inseguridad está contemplada el exceso de las fuerzas policiales. Para mí la diferencia que hay entre que me atropelle y/o me mate un delincuente común, o lo haga un guardia nacional, es irrelevante, de todas maneras voy a quedar bien muerto.

¿CUÁL ES LA SALIDA?
         Hay varias, siempre hay salidas. Las salidas se acaban cuando decimos que no tenemos ninguna. Quizás tenga alguna para ofrecerles, lo que trataré en un próximo artículo. Mientras tanto tengo algunas certezas parciales. Una de ellas va en sentido negativo y la he expresado en este trabajo: no creo que sea posible diálogo entre dos modelos diferentes y antagónicos. No hay que confundir diálogo con negociación. La negociación sí es posible, pero para negociar con gobiernos autocráticos y dictatoriales hay que ir respaldado por una fuerza que los obligue a sentarse para llegar a ciertos acuerdos. No se trata de esa cuchufleta que se instaló en Miraflores para hablar sobre la paz. La historia ha enseñado que la contradicción se resuelve por la imposición de un modelo sobre el otro. Así que nuestra lucha tiene que ir en el sentido de rescatar y perfeccionar el modelo político democrático. Otra va en sentido positivo: mientras tanto (recalco el mientras tanto) y en aras de construir esa fuerza que obligue al gobierno a sentarse, escuchar y hacer reales concesiones, y finalmente lograr la verdadera transformación democrática, debemos mantener la protesta viva, activa, de calle que comenzó el 12 de febrero. Mantener la firme actitud de que no aceptaremos el modelo socialista con los fuertes matices fascistas que el gobierno trata de sostener. No aceptaremos ese modelo y no podemos escatimar esfuerzos para demostrarlo. Pese a todas las críticas que se han hecho a las protestas, algunas de ellas provenientes de nuestros propios aliados, algunas con fundamentos y otras impregnadas de la ingenuidad de un cuento de hadas, las protestas han producidos efectos altamente positivos (leer en La Braga Azul anterior PROTESTA PACÍFICA ¿QUÉ ES ESO?). No podemos cejar en ello. El rescate de la calle es fundamental. Esos son espacios que nos pertenecen y nos habíamos dejado quitar. Pero ahora estamos ahí y ahí debemos permanecer. De forma pacífica, como le gusta a tanta gente, pero también firme y decidida. Pero eso no basta, si algo ha demostrado este chavismo es su insensibilidad a todo movimiento de protesta, sea de la naturaleza que sea. Ellos pueden dejar que el país se vuelva añicos sin dar su brazo a torcer en su loco y anacrónico proyecto. Por eso hay que hacer algo más. Hay que poner las neuronas a trabajar, para eso tenemos tantas en el cerebro. Hacer una vigilia colectiva de neuronas para parir la salida que necesitamos. Siempre hay una salida. De eso trataré ¿ya lo dije? en el próximo artículo.





           

lunes, 24 de febrero de 2014







PROTESTA PACÍFICA ¿QUÉ ES ESO?

Octavio Acosta Martínez
Twitter@snittker

       


La pregunta es honesta y está desprovista de toda ironía. Estoy tratando de entender, debido a que el concepto de protesta pacífica está en el centro del debate, pero al parecer cada uno tiene una idea distinta de lo que esto significa. La necesito aclarar porque de lo que sí estoy claro es que quiero protestar. De otra cosa también estoy completamente claro: quiero una protesta que sea efectiva, esto es, capaz de producir un cambio sustancial en la dirección política por donde está siendo conducido el país.
Aclararé más este deseo: rechazo el modelo político socialista que me están imponiendo, quiero un modelo democrático representativo. Ahora, este último debe estar deslastrado de los vicios e inefectividad que han tenido los de la llamada cuarta república, pero ésta es otra dimensión del problema. Está el modelo y está la forma como se maneja el  modelo. Hay democracias representativas muy buenas y hay democracias representativas desastrosamente malas. No sé si esta división se le podrá también aplicar al modelo socialista, porque las experiencias que hasta el momento se han dado en este planeta han sido todas desastrosamente malas.
         ¿Qué cree usted que estoy haciendo en esta introducción? Es fácil: Trato de aclarar qué es lo que quiero. Dejo entonces sentado que mi primer problema, el fundamental, el más importante, no es el aceite, la harina pan, el papel toilette, el arroz; tampoco la seguridad, ni la inflación, ni tantas otras cosas que se mencionan en este conflicto y que deben seguir siendo mencionadas, por supuesto. Todas éstas son importantes, agobiantes. Tanto que el desespero que ellas producen hacen perder de vista el problema primario. Pero yo las veo como en el terreno interno del manejo del modelo. Muchos alegarán que el pueblo no entiende de modelos y que estos conceptos están situados en un nivel de pensamiento abstracto al alcance sólo de quienes han tenido la oportunidad de ejercitarlo académicamente. En cambio, sí entienden de los elementos concretos de su alimentación y bienestar material en general. Pero eso es otra cosa, y tendrá que ser considerada en las estrategias que se deberían seguir para ganar adeptos en la lucha. En cuanto a mí se refiere, reitero que mi primer problema es el modelo. ¿Me voy explicando?

         Sigo aclarando el asunto:
         Existen dos dimensiones diferentes en la situación actual: la ideológica y la administrativa. A lo mejor hay otras dimensiones, seguramente las hay, pero éstas son las que me interesan por ahora. El modelo está ubicado en la dimensión ideológica. El aceite, el papel toilette, la harina pan, el arroz, la inflación, la inseguridad, la corrupción, están ubicados en la dimensión administrativa. Tanto en un modelo socialista, como en un modelo de democracia representativa, estos problemas administrativos que hoy nos mortifican pueden estar presentes. Pero el modelo tiene implicaciones que van mucho más allá, que determinan aspectos de la vida mucho más profundos. El objeto de esta reflexión no es decir, y mucho menos analizar, cuáles son estas implicaciones. Ese trabajo se lo dejo a cada quien. A estas alturas de la vida debería haber una buena idea de ellas. En todo caso, si no la tienen es hora de estudiar, de investigar para saber hacia dónde es que nos están conduciendo.

LO QUE QUIERO Y LO QUE NO QUIERO
         Ahora puedo decirlo, primero lo que no quiero. No quiero el modelo socialista que me están imponiendo; que le están imponiendo a los venezolanos en contra de la voluntad de al menos la mitad de ellos. No lo quiero por dos motivos:
1.  Las experiencias en el planeta Tierra han mostrado que el modelo es incongruente con los valores trascendentales del hombre (me acojo al espíritu de la Ley de Universidades).
2.    Los conductores del socialismo bolivariano en Venezuela me han mostrado que con ellos cualquier modelo es un desastre, tanto en su espíritu como en lo administrativo.
   De acuerdo con el segundo de los motivos pareciera entonces que la salida a la situación coyuntural actual es La Salida. Pero ¡cuidado!... todavía no lo he dicho… ¿Lo diré más adelante?

        Con respecto a lo que quiero.
Estructuralmente quiero la democracia, donde estén representados todos los sectores de la sociedad, se respeten los derechos de las minorías, donde exista libertad de conciencia, libertad para expresarse; donde se promuevan, se respeten y se afiancen los valores trascendentales del hombre (obedeciendo a un principio de simplificación metodológica parto de que existe al menos un pre acuerdo de lo que significa valores trascendentales del hombre. Tampoco tengo la necesidad de decir los valores trascendentales del hombre y la mujer). Todo esto me conduce a auspiciar un modelo democrático que pudiera tener varios adjetivos que lo califiquen, pero que realmente haga justicia a tales calificaciones. No quiero un mamotreto participativo y democrático que no es ni participativo ni democrático.

         Cuando propugno por un modelo democrático no debe entenderse una vuelta a AD y Copei, tampoco al MAS (la tercera pata de la mesa). Allí sí valdrían las palabras de Rubén Blades sobre aquellos que tuvieron su oportunidad y fracasaron. No puedo olvidar que el desacierto, la incompetencia y los niveles de corrupción en que cayeron estos actores fue el caldo de cultivo para que surgiera la alternativa que hoy nos estamos calando. El remedio fue peor que la enfermedad, es verdad, pero la enfermedad sigue siendo la enfermedad. Estos partidos tendrán que hacer una pasantía desintoxicadora y permitir que otras fuerzas emergentes prueben sus capacidades en la administración del modelo. Por supuesto que estos partidos tendrán todos los derechos que una democracia otorga. Ellos tendrán incluso el derecho a aspirar a un retorno al ejecutivo, no se les puede quitar este derecho en una democracia. Pero es la conciencia democrática y la experiencia adquirida por la población venezolana la que debe evitarlo mediante su participación siguiendo, por supuesto, las reglas del modelo. Esto requiere un alto grado de conciencia política  y un conocimiento en la interpretación y aplicación de estas reglas. Ello formaría parte de la función pedagógica que se debería realizar sobre quienes tienen la responsabilidad de elegir. AD y Copei tendrán la oportunidad de reinventarse, renovar sus componentes, pensar sobre las consecuencias arrastradas por lo que fueron y entrar a la rueda de la vida política del país con un nuevo espíritu y con nuevas ideas. ¿Estoy siendo excluyente? Pues, yo no sé cómo se llamará eso, pero estoy definiendo qué es lo que quiero y qué es lo que no. Si no quiero a AD ni a Copei en el poder ejecutivo –tampoco al MAS-, entonces tengo que decirlo, es mejor que lo haga de una vez. Éste es un ejercicio que tendrá que hacer cada quien. Me he permitido hablar con descarnada sinceridad, lo demás sería caer en un lenguaje de conveniencias que me haría quedar muy bien (muy propio del mundo político), pero que no serviría para alcanzar el objetivo planteado al lanzar estas reflexiones.


LA PROTESTA
         Bueno, ya sabemos dónde está ubicado mi deseo (yo creo que es el de muchos). Entonces, ¿qué hacer para llevarlo a un grado de concreción?
         Muchas cosas se pueden hacer y varias de ésas ya las hemos probado… ¿Infructuosamente? (votar, abstenerse como política general, abstenerse como posición particular, hacer declaraciones públicas, apelar a los distintos poderes, apelar a organismos internacionales, protestar de todas las maneras). En estos momentos se ha retomado, una vez más, el camino de la protesta callejera y, como siempre, surge la discusión sobre la efectividad de la misma.
         La evaluación de la efectividad de una acción tiene que hacerse en función de la consecución de los objetivos. Por tanto, en el caso de la protesta esta evaluación debe hacerse en función de lo que se quiere obtener a partir de ella. Pero hay que tener cuidado con esta evaluación, podríamos decir con la evaluación de la evaluación; especie de metaevaluación. Si decimos que el objetivo de la protesta es la salida del bigotúo de Miraflores, entonces muy probablemente ella se dirija al fracaso, por lo menos en el corto plazo, aunque… algunos casos se han visto de... Depende de la consistencia, continuidad, fortaleza y espíritu de sacrificio con que se realice. El caso de las distintas primaveras que hemos visto en los últimos tiempos, son muy aleccionadoras. En política, sin embargo, las cosas no funcionan tan literalmente y los resultados se obtienen mediante la aplicación de fórmulas, pero no fórmulas matemáticas. La relación causa-efecto no se da en los fenómenos sociales como se da en la física. Una misma fórmula aplicada a un caso idéntico a otro donde ya fue probada, no conduce necesariamente al mismo resultado. De casos está llena la historia.
         Pudiera ser que La Salida no conduzca inmediatamente a la salida del bigotúo y su gobierno, pero considero que ella fue buena y necesaria; porque haciendo una evaluación en términos políticos, ella permitió sacar a la oposición del estado de inmovilización y pasividad vergonzosa en que se encontraba postrada. Desde que la actual movilización comenzó es mucho lo que se ha ganado. Hemos recobrado la dignidad y nuestro auto respeto. En otras palabras, La Salida fue la salida que encontró la oposición para reencontrarse con ella misma. Pero externamente también ha ganado. Le está diciendo al gobierno  que no le será fácil imponer el modelo como de manera grosera y grotesca lo  está intentando. La protesta ha hecho que el gobierno esté mostrando su verdadera cara, la que tenía escondida bajo una capa de legalidad cínica y abusiva. Ha permitido que el mundo vea esta cara y ahora hay miles de jueces regados por todo el mundo evaluando el proceso venezolano con una óptica distinta, lo que pone al gobierno venezolano por lo menos en una situación incómoda. Ha hecho que algunos líderes en quienes se había depositado la confianza en la conducción política, y que habían interpretado literalmente la relación causa-efecto y tenían postrada a la oposición en este estado de pasividad improductiva, estén despertando y reaccionando para no quedarse detrás de las masas. Está demostrando que no hay que seguir hombres, sino ideas y convicciones. Los líderes son circunstanciales y pierden su vigencia cuando son incapaces de leer e interpretar una realidad, siempre y cuando, por supuesto, el colectivo que los siguen sí esté perfectamente consciente de ella. Seguramente habremos cometido muchos errores en la protesta, pero el mayor error que estábamos cometiendo era no protestar.

CUALIDADES DE LA PROTESTA
         Aquí es donde comienzan las preguntas para las que no tengo respuestas. La primera de ellas: ¿Cuáles características debe tener la protesta? Casi todos los que escriben, dan declaraciones y hablan por televisión dicen lo mismo: “la protesta debe ser pacífica”. Pero esto no me aclara nada. ¿Qué significa ser pacífica? Si marcho pacíficamente por una avenida ¿es ésa una protesta pacífica? Si toco cacerola en el porche de mi casa o en el balcón ¿es eso una protesta pacífica? He intentado un conjunto grande de protestas que considero pacíficas y no he conseguido nada de lo que he deseado. He ejercido el derecho al voto y he fracasado. Muchos dirán que el acto de votar no constituye una protesta, pero yo digo que sí. En más de una oportunidad he votado por alguien que no me convence, pero lo he hecho para que no gane otro que sí me convence de su indeseabilidad. El indeseable siempre ha ganado, pero eso forma parte del mundo de las posibilidades y están dentro de las reglas del juego. El asunto es que algunas veces he sospechado que el árbitro no ha jugado limpio con las reglas del juego. Entonces he protestado pacíficamente, recurriendo a los organismos acreditados para tramitar reclamos. Pero tampoco he conseguido nada, los organismos acreditados están parcializados a favor del indeseable. Por eso acudo a organismos internacionales, pero los organismos internacionales sólo brindan saludos a la bandera. Entonces acudo a los medios (televisión, prensa) a expresar mi protesta, pacíficamente (eso creo yo), pero encuentro que los medios que se atreven a canalizarla son censurados, amenazados y finalmente cerrados, unos por disposiciones judiciales y otros por ahogamiento en cuanto a suministro de recursos. Aparte de que en las oportunidades previas, cuando logré colar mi protesta, me acusaron de fascista, vende patria, oligarca, y algunas cosas más. No me quedó más remedio que acudir a medios extranjeros, pero los que se atrevieron a escuchar y difundir mi protesta fueron bloqueados unos y amenazados otros. Apelé a la Constitución y seguí todos los pasos para convocar a un referéndum revocatorio, pero me metieron en una lista que me ha traído más de un inconveniente. Todo esto lo he realizado pacíficamente. He buscado una vía para canalizar mi protesta por las redes sociales, pero hay una amenaza de regular el uso de estas también. Algunas veces se han atrevido a bloquear imágenes que ponen los usuarios. Ya desesperado he decidido acudir a marchas, pero a éstas no les dan permiso. Sin embargo he marchado… pacíficamente. Pero ellas han sido atacadas por bandas que al parecer tienen el derecho de atacar marchas pacíficas. Génesis murió en la Avenida Cedeño cuando marchaba pacíficamente, no estaba haciendo más nada. Entonces decidí tocar cacerola en mi casa. Puede ser un ruido un poco molesto para los vecinos (aunque no tanto, porque los demás vecinos también han tocado), pero es una forma pacífica de protestar. Sin embargo ahora están disparando a los que tocan cacerolas. Muchos han sido baleados por esto. Geraldine, la estudiante que murió en Naguanagua como consecuencia del ataque que sufrió, sólo estaba tocando cacerola. Escribir por twitter puede resultar también peligroso, hay que tener cuidado con lo que se escribe. Mientras redacto esto un general retirado se resiste de ser arrestado en su casa. Se atrevió a escribir algo en twitter y hubo un muerto aparentemente por lo que él escribió. A lo mejor fue una imprudencia de su parte (no he leído el twitt), pero el gobernador de Carabobo también escribió un twitt ofreciendo un contra ataque contundente e inmediatamente resultó muerta la miss en un contra ataque contundente. Hasta ahora no lo han tocado ni con el pétalo de una rosa. Repito la pregunta: ¿qué es una protesta pacífica? Lo quiero saber porque siento la necesidad imperiosa de protestar. Pero no quiero una respuesta académica-filosófica. No quiero que me saquen tratados y recuentos de la evolución de la protesta desde Platón hasta nuestros días, con infinidad de citas de autores y pensadores famosos. La quiero en términos concretos. Que me digan por ejemplo: “Octavio, una protesta pacífica es que decidas no bañarte más hasta que no salgamos de este gobierno bolivariano y te vayas al frente de la Gobernación y le pases por el lado a cuanto policía veas para molestarlo con el tufo”. Entonces ya sabré exactamente qué es lo que tengo que hacer. Ésa es una respuesta concreta.
         Pero recuerden que además deseo que mi protesta produzca algún efecto. O en otras palabras, deseo que mi protesta produzca el efecto de eliminar la causa de aquello que me indujo a efectuar una protesta. No quiero protestas simbólicas que no sirvan para nada.

MÁS PREGUNTAS
         ¿La protesta debe ser pacífica específicamente en la actual situación coyuntural en Venezuela o en todas las circunstancias y todo momento? ¿Constituye esta característica un valor universal ético-político inherente a toda protesta? ¿Habrá casos cuando la protesta debe dejar de ser pacífica? ¿Cuáles serían esos casos? ¿Cómo reconocerlos? Yo tengo algunas respuestas parciales, pero no sé si coincidirán con la de ustedes. No me imagino que Bolívar se hubiese paseado por la posibilidad de ponerse en huelga de hambre para protestar contra el poder español. Debe haber un límite –eso creo, pero espero confirmaciones- entre lo pacífico y lo no pacífico. ¿Cómo reconocer el límite?
         Mientras llegan las respuestas y aclaro todas estas dudas, me abstengo de hacer juicios morales contra los guarimberos y todas aquellas personas que han mantenido encendida la llama de la protesta durante estos últimos días.
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viernes, 21 de febrero de 2014




RUBÉN BLADES


Octavio Acosta Martínez
octaviocultura@hotmail.com
Twitter@snittker



     Voy a salir de Rubén Blades de una vez, ya que lo prometí (en facebook), pero no lo haré con la extensión y profundidad que pensé inicialmente. Al fin y al cabo, Blades no es el enemigo. Su pecado, si es que se puede considerar de esta manera, ha sido la de asumir esa clásica posición ecléctica de ser amigo de todos y darles un golpecito aquí, otro allá, para mostrar ecuanimidad y demostrar que se desea el bien común. Lo que sucede es que generalmente, cuando se adopta este pretendido plano de neutralidad, distribuyendo equitativamente la carga de las culpas, se tiende a caer en ingenuidades que en ciertos casos son inaceptables. En su carta a los venezolanos Rubén Blades ha caído en tal debilidad, aceptada en un cantautor que compone interesantes -varias muy buenas- canciones de contenido social, pero inaceptable en quien ha aspirado acceder al puesto de conductor político de un país.


   En su carta, Blades hace una curiosa mezcla de criterios de clasificación en una sola clasificación y divide inicialmente a la población venezolana en dos toletes: gobierno y oposición. Luego introduce una tercera clase: los estudiantes. En esta última deposita él sus esperanzas, asignándole incluso funciones rectoras de educación y formación hacia las otras dos. Esta clasificación, para ilustrar, se me hace algo parecido a que dividiéramos la especie humana en hombres, mujeres y cantantes. La falla es evidente: hay cantantes hombres, cantantes mujeres, y hombres y mujeres que no son cantantes. Obviando por supuesto, sutilezas tales como la reivindicadora clasificación bolivariana de cantantes y cantantas.

     Blades no ha percibido que la población estudiantil venezolana tampoco ha escapado a la división en los toletes gobierno y oposición. Para nosotros ya es habitual el ver los innumerables actos que hace el gobierno con sus fracciones estudiantiles adscritas. El gobierno también tiene sus piquetes patoteros estudiantiles. El Arco de Bárbula de la Universidad de Carabobo es testigo de la infinidad de autobuses y gandolas quemados, de transportes de alimentos saqueados y luego también quemados, y guarimbas (cauchos quemados, pupitres atravesados, enfrentamientos con la policía), todo lo que hoy se le critica a la oposición, realizado por estudiantes afectos a la revolución. Si el Arco de Bárbula pudiera hablar, cuántas historias estarían contando. 
     El vehículo que fue introducido a la plaza cubierta del rectorado de la Universidad Central de Venezuela, con la consiguiente destrucción de infraestructura y de valiosas obras de arte fue realizado con la anuencia y participación de estudiantes afectos a la revolución bolivariana.

     En este oscuro período de 15 años de revolución hemos visto desfilar dirigentes estudiantiles de ambos bandos que se gradúan y pasan a ocupar posiciones eminentes en representación de sus respectivos comandos. Unos pasan directamente del salón de clases y de su actividad política callejera a ocupar carteras ministeriales, otros a curules legislativos, a alcaldes o a altos cargos en instituciones que de una u otra manera determinan o afectan la suerte del país. Fue notable el caso de un ex-presidente de FCU que se hizo famoso por aquella frase: "¡el veintiooooocho!" Después cayó en desgracia y se pasó a la oposición, pero yo no me confiaría mucho.

     Quiero, no obstante, reivindicar el papel estudiantil -de un sector estudiantil- en el actual conflicto. Ha sido un motor importante en la conducción de la protesta, la cual comenzó precisamente el Día de la Juventud. La juventud, el desprendimiento, ese arrojo propio de los años mozos, la verdosa sensación de no tener nada que perder, la vitalidad para el aguante de agotadoras jornadas, actúan como combustibles psicológicos para mantener encendida la llama de la disidencia. Pero no estoy de acuerdo en aprovecharse de tal vitalidad y desprendimiento estudiantil para hacer recaer sobre él toda esperanza y responsabilidad en el cambio.

     Es verdad, quienes hemos superado las primaveras de los años juveniles tenemos mucho que perder (familia, hijos, casa, trabajo y otras cosas de las que somos responsables), pero el reto está en descifrar cómo será nuestra participación en esta lucha (palabra que no es tan de mi agrado, pero que lamentablemente es así, una lucha) y entender que de todas maneras el país se dirige paulatinamente a la pérdida  de eso que tanto estimamos. No queda pues otro remedio, hay que defenderlo.

     Hay otros aspectos mal tratados por Blades, como la afirmación de que unos y otros hemos tenido la oportunidad de servir al país (se entiende que en funciones de gobierno) y hemos fracasado en el intento. Muchos años han pasado desde la instauración de la democracia en Venezuela y hoy existe una generación emergente que no ha tenido esta responsabilidad que Blades le atribuye. Muchos de los "viejos" tampoco la hemos tenido, pues la suerte no nos la ha brindado o nuestra ubicación política no la ha permitido. Pero no ahondaré en este aspecto y dejaré que cada quien haga su propia reflexión al respecto.

     Por otra parte, existe una carta-respuesta publicada por la diputada Delsa Solórzano muy bien sustentada, cuya lectura recomiendo. Allí encontrarán puntos que no he tratado en este escrito. Repito que Rubén Blades no forma para mí parte del enemigo y sólo ha pecado en mi concepto de una gran ingenuidad política. Pareciera que él se expresa mejor con sus canciones, muchas de las cuales constituyen íconos en la música popular caribeña. Dentro de éstos coloco a Pedro Navaja y a Chica plástica. Les dejaré aquí el enlace de la carta de la diputada Solórzano, para la información y formación política, y la versión de Pedro Navaja para  el deleite y terminar así con la parte más positiva de Blades.



http://partidounnuevotiempo.org/inicio/index.php/noticias/1473-delsa-solorzano-a-blades